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Qué es psicoterapia y cómo orientarse entre escuelas. Parte 2

22 de julio de 2026

Raúl Olmedo

Escrito por

Raúl Olmedo

Psicólogo

Qué es psicoterapia y cómo orientarse entre escuelas

PARTE 2

Puente: En la entrega anterior definimos el campo de la psicoterapia, sus distinciones con otras prácticas y el marco de factor común que atraviesa el debate contemporáneo. Toca ahora entrar al mapa mismo, empezando por la familia con historia más larga y desarrollo interno más ramificado: el psicoanálisis y sus escuelas.

Presentación de las corrientes

Los próximos artículos de esta serie recorren en profundidad cada familia. Este apartado ofrece la presentación básica de cada una: de qué se trata, qué sostiene, qué la distingue, y —lo que muchas veces se pasa por alto— a qué discusiones intelectuales de su tiempo respondió y con qué corrientes del pensamiento dialogó.

Nombrar el contexto no es adorno erudito. Cada escuela de psicoterapia nace como respuesta a preguntas específicas de su momento, dentro de conversaciones intelectuales concretas, contra ciertas posiciones y a favor de otras. Sin ese trasfondo, las escuelas parecen catálogo arbitrario de opciones técnicas. Con él, se vuelven lo que efectivamente son: articulaciones concretas de tradiciones más amplias sobre el ser humano, el sufrimiento y las condiciones de su transformación.

La familia psicoanalítica

El contexto de emergencia. El psicoanálisis nace en la Viena finisecular como confluencia de varias corrientes que en ese momento estaban en plena reformulación. Freud (formado como neurólogo, discípulo de Charcot en la Salpêtrière parisina, colaborador temprano con Josef Breuer en el tratamiento de la histeria) trabajaba sobre una pregunta que la medicina positivista del siglo XIX no lograba responder satisfactoriamente: por qué había pacientes cuyos síntomas físicos no tenían base orgánica identificable, y sin embargo eran reales. La histeria (cuadro que hoy diagnosticaríamos de otro modo, con sus síntomas de conversión, ataques, parálisis funcionales) era la enfermedad de la que todos hablaban y sobre la que nadie tenía respuesta convincente. Charcot había mostrado que la hipnosis podía inducir y suprimir síntomas histéricos, sugiriendo que su origen era psíquico. Pero el mecanismo permanecía oscuro.

Las discusiones a las que responde. Freud desarrolla su marco en conversación con varias tradiciones intelectuales de su época. Con la neurología y el positivismo científico dominante, del que hereda la aspiración a un método riguroso pero al que subvierte al postular una realidad psíquica inconsciente no reducible a lo neurológico. Con la filosofía de Schopenhauer y Nietzsche, cuyos análisis del inconsciente, de la voluntad y de la genealogía de la moral prefiguran conceptos freudianos centrales sin que Freud lo reconociera explícitamente hasta tarde. Con Darwin, cuya teoría evolutiva orienta la mirada de Freud sobre la continuidad entre lo animal y lo humano y sobre la centralidad de la sexualidad. Con la Aufklärung tardía y el liberalismo vienés, cuyo proyecto de emancipación por la razón el psicoanálisis complica al mostrar los límites del sujeto racional.

El movimiento intelectual más amplio. Freud escribe en el momento del giro lingüístico y de la crisis de los fundamentos que atraviesa la cultura europea entre 1890 y 1930. Es el momento en que Nietzsche declara la muerte de Dios, en que Einstein reformula la física, en que la fenomenología de Husserl reorienta la filosofía, en que el modernismo literario (Musil, Kafka, Proust, Joyce) reconstruye la experiencia del sujeto. El descubrimiento freudiano del inconsciente pertenece a esa constelación: la certeza cartesiana del sujeto transparente a sí mismo se agrieta, y con ella la promesa ilustrada de un sujeto plenamente autónomo por el uso de su razón. En este sentido el psicoanálisis es a la vez heredero radical de la Ilustración (compromiso con la verdad, con el examen crítico, con la emancipación) y su cuestionamiento inmanente (esa verdad no es transparente y el sujeto no coincide consigo mismo). Es una posición que Paul Ricoeur, en De la interpretación (1965), caracterizó junto con Marx y Nietzsche como "hermenéutica de la sospecha": lo manifiesto oculta lo latente y hay que trabajar para acceder a esto último.

Las escuelas posteriores del campo psicoanalítico se despliegan en respuesta a preguntas específicas que la formulación freudiana original dejaba abiertas.

Psicoanálisis freudiano clásico. La formulación entre 1895 y 1939, con dos momentos teóricos principales (primera tópica: consciente, preconsciente, inconsciente; segunda tópica: ello, yo, superyó después de 1920). Trabaja con el conflicto entre instancias psíquicas, con la sexualidad infantil como marco estructurante (los estadios oral, anal, fálico), con el complejo de Edipo como organizador del deseo, y con la interpretación de sueños, actos fallidos y síntomas como formaciones del inconsciente. Encuadre canónico: diván, alta frecuencia (tres a cinco sesiones semanales en análisis puro), asociación libre, atención flotante del analista, interpretación como técnica central.

Ego Psychology (psicología del yo). Escuela desarrollada principalmente en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, con la llegada de analistas europeos huyendo del nazismo. Anna Freud (con El yo y los mecanismos de defensa, 1936), Heinz Hartmann, Ernst Kris, Rudolph Loewenstein. La discusión a la que responde: cómo el psicoanálisis puede dialogar con las ciencias del comportamiento estadounidenses y con la psicología académica sin perder su especificidad. La respuesta: extender el marco freudiano hacia una teoría del yo con funciones autónomas de adaptación, mecanismos de defensa sistematizados, esfera libre de conflicto. Fue durante décadas la corriente dominante del psicoanálisis norteamericano y su crítica (por parte de kleinianos y luego lacanianos) formó buena parte del debate psicoanalítico del siglo XX.

Escuela kleiniana y post-kleiniana. Melanie Klein en Londres desde los años treinta, después de haberse formado con Ferenczi y Abraham. Responde a una pregunta específica: qué hacer con niños muy pequeños, con qué material se trabaja cuando el analizante no puede aún hablar libremente. Su respuesta: el juego como equivalente de la asociación libre, y una teoría del psiquismo temprano donde la vida fantasmática es intensa desde el inicio de la vida. La discusión intelectual: contra la ego psychology (a la que consideraba superficial y adaptativa) y en un debate famoso con Anna Freud sobre técnica infantil que dividió a la Sociedad Psicoanalítica Británica. Sus conceptos centrales —posiciones esquizo-paranoide y depresiva, identificación proyectiva, envidia primaria— reorientaron el campo entero.

Wilfred Bion, discípulo de Klein en los años cuarenta y cincuenta, extendió el marco con una teoría del pensamiento donde el psiquismo debe metabolizar experiencia emocional cruda (elementos beta) para transformarla en pensamiento simbólico (elementos alfa). Su influencia posterior en grupos, en instituciones, en psicosis fue enorme. Betty Joseph, Herbert Rosenfeld, Hanna Segal, Michael Feldman son referencias contemporáneas. Presencia importante en Reino Unido y en América Latina, particularmente en Argentina (Marie Langer, Willy y Madeleine Baranger) y Brasil.

Relaciones objetales (Middle Group británico). Corriente que emerge del ala independiente de la Sociedad Psicoanalítica Británica, en polémica con las dos escuelas dominantes (freudiana clásica de Anna Freud y kleiniana). Ronald Fairbairn en Edimburgo reformula la teoría pulsional freudiana con una tesis radical: la libido no busca placer sino objetos (personas); el psiquismo se estructura desde el inicio en relaciones internalizadas. Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista formado por Klein pero disidente, desarrolla desde los años treinta y cuarenta conceptos que han tenido enorme difusión más allá del campo estricto: madre suficientemente buena, holding, objeto y espacio transicional, self verdadero y falso, capacidad de estar solo. Su prosa clínica y filosófica influyó en generaciones de terapeutas más allá del psicoanálisis. Michael Balint, formado con Ferenczi en Hungría, aportó los conceptos de falla básica y de amor primario. Harry Guntrip sistematizó el marco en textos referenciales.

El movimiento intelectual con el que dialoga esta corriente: la fenomenología existencial (Sartre, Merleau-Ponty) que en el mismo período reformulaba la subjetividad como constituida en relación con otros, y la teoría del apego que John Bowlby (formado como psicoanalista pero disidente) desarrollará desde los años cincuenta con base en etología y psicología del desarrollo. La convergencia con el apego es lo que ha dado a esta corriente una segunda vida contemporánea, ahora respaldada por décadas de investigación empírica sobre desarrollo infantil.

Psicología del self. Heinz Kohut, psicoanalista vienés emigrado a Chicago, desarrolla desde los años sesenta y setenta un marco específico para trabajar con lo que llamó trastornos narcisistas. La discusión a la que responde: el psicoanálisis clásico no tenía respuestas adecuadas para pacientes con patologías narcisistas graves, cuyo mundo interno se organizaba en torno a fragilidades específicas del self. La respuesta de Kohut: el self humano requiere "objetos-self" (funciones de espejo, idealización, gemelaridad provistas por otros significativos) para constituirse; los déficits en esa constitución producen los cuadros narcisistas. El tratamiento ofrece empatía sostenida como reparadora de esos déficits. Ruptura importante con la ortodoxia analítica de su época (representada por Otto Kernberg, con quien mantuvo debate público sobre el narcisismo). Muy influyente en tratamiento contemporáneo de patologías narcisistas y en la formación de terapeutas que buscan un marco menos confrontativo que el kleiniano y menos adaptativo que el yoico.

Psicoanálisis relacional e intersubjetivo. Síntesis norteamericana contemporánea que emerge en los años ochenta y noventa. Stephen Mitchell (con Relational Concepts in Psychoanalysis, 1988) sistematiza la corriente. Robert Stolorow y George Atwood, con base fenomenológica, desarrollan el psicoanálisis intersubjetivo. Jessica Benjamin, con influencia hegeliana vía Kojève y también psicoanalítica, trabaja el reconocimiento mutuo como estructura central. Base epistémica: no hay mente aislada, todo psiquismo se constituye intersubjetivamente en el encuentro con otros; el análisis es campo de dos subjetividades y no observación del analizante desde una posición neutral del analista.

La discusión a la que responde: la crítica al modelo "de una persona" en psicoanálisis (el analista neutral que observa al analizante). La respuesta: reconocer que hay dos subjetividades en juego, que los enactments (actuaciones inevitables del analista en el vínculo) son parte del proceso y material a elaborar, no fallas técnicas. Es la corriente contemporánea más dialogante con desarrollos externos al psicoanálisis: teoría del apego, neurociencia afectiva, filosofía de la intersubjetividad (Buber, Levinas, Hegel vía Kojève), estudios de género y feminismo.

Psicoanálisis lacaniano. Jacques Lacan, psiquiatra y psicoanalista francés, reformula el psicoanálisis desde los años cincuenta con un giro que tiene múltiples anclajes intelectuales. La discusión inmediata a la que responde: la ego psychology dominante en Estados Unidos y su promesa de adaptación al yo autónomo, contra la que Lacan lanza el famoso "retorno a Freud" que interpreta como retorno a los descubrimientos freudianos sobre la naturaleza del inconsciente.

Las tradiciones con las que dialoga son múltiples. La lingüística estructural de Ferdinand de Saussure y luego de Roman Jakobson: de allí la tesis lacaniana de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. La antropología estructural de Claude Lévi-Strauss: de allí la teoría del significante y la primacía de la estructura sobre el sujeto. La filosofía hegeliana en la lectura de Alexandre Kojève, cuyos seminarios sobre la Fenomenología del espíritu asistieron Lacan, Bataille, Aron, Merleau-Ponty y varios otros que marcaron el pensamiento francés de posguerra: de allí la dialéctica del deseo, la centralidad del reconocimiento, la relación con el otro. La filosofía heideggeriana: de allí la meditación sobre el ser, sobre el lenguaje como casa del ser, sobre la angustia. La lógica matemática (Frege, Cantor) para pensar el sujeto y la falta. Y una relación compleja con el surrealismo y el arte de vanguardia, que Lacan frecuentaba en el París de entreguerras.

El resultado: un marco donde el inconsciente está estructurado como un lenguaje, el sujeto es efecto del significante, hay tres registros que ordenan la experiencia (simbólico como orden del lenguaje y de la ley, imaginario como registro de la identificación y del yo, real como lo que resiste a la simbolización), el goce funciona como más allá del principio de placer, y el objeto a (objeto causa del deseo) opera como resto imposible de reducir. La teoría del cambio: no es "curar" en sentido médico ni "adaptarse" en sentido conductual, sino que el analizante advenga a un saber sobre su modo singular de gozar y pueda hacer algo distinto con eso.

Encuadre técnico distintivo: sesión de duración variable (el corte como puntuación interpretativa, práctica por la cual Lacan fue expulsado de la Asociación Psicoanalítica Internacional en 1963), énfasis en la equivocación, el chiste, el lapsus, el sueño como emergencias del inconsciente. Presencia enorme en Francia, en toda América Latina (particularmente Argentina donde el impacto lacaniano fue masivo desde los años setenta), en España, con desarrollo institucional propio (Escuela Freudiana de París, luego Escuela de la Causa Freudiana, Nueva Escuela Lacaniana en el mundo hispanohablante). Su influencia excede el campo clínico y alcanza filosofía, estudios culturales, teoría del cine, teoría política (Slavoj Žižek, Alain Badiou, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe).

Psicoanálisis junguiano (psicología analítica). Carl Gustav Jung se separa de Freud en 1913 después de años de colaboración cercana. La discusión: para Jung, el marco freudiano reducía excesivamente la vida psíquica a la sexualidad y no daba cuenta de dimensiones simbólicas, religiosas y culturales del sufrimiento humano. Su respuesta: una teoría del inconsciente que incluye el inconsciente colectivo (estratos comunes a la humanidad con contenidos arquetípicos), la individuación como proceso vital de integración del sí-mismo, los complejos como núcleos autónomos de la psique.

Las tradiciones con las que dialoga: la teosofía y el gnosticismo, la alquimia como sistema simbólico (Jung dedicó años a estudiarla), las religiones comparadas, la mitología, la fenomenología del espíritu de Hegel. Su influencia posterior: enorme en el desarrollo del pensamiento simbólico y de la psicología profunda, con figuras como James Hillman en la psicología arquetipal, Marie-Louise von Franz, Erich Neumann. Trabajo con análisis simbólico y mitológico de los sueños, imaginación activa, en algunos casos trabajo con mandalas y otras producciones simbólicas. Presencia moderada en América Latina.

Es importante notar que en el campo psicoanalítico contemporáneo la relación con Jung es todavía ambigua: algunos lo incluyen dentro del campo, otros lo separan como corriente propia. Este proyecto lo trata dentro de la familia por afinidad genealógica (Jung fue analista, formado por Freud, participante del movimiento inicial), reconociendo las diferencias importantes que separaron ambas tradiciones.