
Autoayuda pop y psicólogo influencer · Parte II
Freud Hipster - Imagen generada con IA
Nos hemos permitido esta pequeña licencia humorística para acompañar el texto parodiando las versiones de la profesión que se masifican en presentaciones que se agotan en el semblante
Cuando la oferta fabrica la demanda
La secuencia parece natural porque estamos acostumbrados a ella: primero aparece una necesidad y después alguien ofrece algo para responderle. Buena parte del mercado funciona también en la dirección contraria. Un producto introduce una forma nueva de nombrar una carencia, vuelve esa carencia reconocible y organiza alrededor suyo una demanda.
En salud mental esa inversión merece un cuidado especial.
No porque el sufrimiento sea inmune al comercio ni porque cobrar por un libro, un curso o una consulta sea en sí mismo problemático. Lo delicado empieza cuando el dispositivo que vende la solución participa también en la producción de la necesidad a la que esa solución responde.
La oferta también produce demanda
Lacan señaló que la consulta analítica tampoco recibe simplemente una demanda que existía completa antes de llegar. Al ofrecer hablar, el propio dispositivo participa en producirla. En La dirección de la cura, después de señalar que es él quien ha ofrecido al sujeto hablar, formula que con la oferta ha creado la demanda y compara esa operación con algo que el comercio ordinario querría poder realizar con semejante facilidad (Lacan, 1958/1966, p. 617).
La diferencia, por tanto, no puede formularse cómodamente como «el mercado crea demanda y la clínica no».
Los dos dispositivos transforman aquello que reciben.
La pregunta ética es qué hacen con la demanda que ayudaron a producir.
Cierto contenido comercial puede cerrar un circuito muy eficaz: ofrece un nombre para el malestar, facilita que alguien se reconozca en él, proporciona una explicación para ese reconocimiento, introduce urgencia y presenta finalmente el producto capaz de responder a aquello que acaba de ser nombrado.
No hace falta atribuir mala fe a quien produce el contenido. La operación puede describirse en el material mismo.
«Cinco señales de que…» puede convertirse en «esto explica por qué…», después en «esto seguirá ocurriendo mientras no…» y terminar en un curso, una membresía o un método destinado precisamente a corregirlo.
Hay, además, un vínculo empírico observable entre contenido sobre salud mental y monetización, aunque no autoriza a atribuir el mismo funcionamiento a todos los creadores. En la muestra de videos sobre TDAH analizada por Karasavva et al. (2025), la mitad de los creadores promovía productos propios o solicitaba alguna forma explícita de compensación económica.
Cuando una arquitectura comercial utiliza etiquetas diagnósticas, miedo o urgencia para fabricar la carencia de la que depende la venta, la consideramos antiética. Esta es una posición normativa del proyecto: el problema no es vender, sino convertir el sufrimiento en mecanismo de conversión.
Producir urgencia no es demostrar daño
Conviene hacer acá una distinción porque la crítica ética no necesita exagerar lo que sabemos empíricamente.
No hay investigación capaz de sostener que todo contenido breve de salud mental incremente síntomas o sufrimiento. Esa es una pregunta mucho más específica y depende del tipo de contenido, la población y el efecto medido.
Sí existe evidencia experimental, todavía acotada, de que la exposición a determinada desinformación puede modificar conocimiento e intenciones de conducta. Schiros, Bowman y Antshel (2025) asignaron aleatoriamente a 490 estudiantes universitarios sin tratamiento previo a tres condiciones: información correcta sobre TDAH, desinformación sobre TDAH y contenido de control. Quienes estuvieron expuestos a desinformación terminaron con conocimientos menos precisos sobre TDAH, pero con mayor confianza en esos conocimientos, y reportaron mayor intención de buscar tanto tratamientos con respaldo como tratamientos sin respaldo. El estudio no encontró un efecto significativo sobre estigma y tampoco examinó un aumento general de síntomas o sufrimiento (Schiros et al., 2025).
Eso permite establecer algo más acotado: en esas condiciones experimentales, el contenido modificó cómo los participantes comprendían el TDAH y ciertas intenciones de búsqueda de tratamiento. No permite concluir que el consumo de contenido de salud mental en general produzca autodiagnóstico o agrave un padecimiento.
La sanción ética va por otro carril. Aun si no pudiéramos demostrar un incremento sintomático, producir deliberadamente alarma alrededor del sufrimiento como condición de compra seguiría siendo incompatible con la práctica que queremos sostener.
La autoridad también se monta en una imagen
El contenido psicológico en redes no transmite solamente afirmaciones. Transmite una persona.
Goffman (1959) describió la presentación social mediante una metáfora dramatúrgica: en la interacción se organizan escenario, apariencia, modales y manejo de las impresiones producidas ante otros. Hablar de teatralidad en este sentido no significa acusar a alguien de fingir. La presentación pública siempre implica alguna selección de lo que se muestra y de cómo se muestra.
Instagram agrega una particular intensidad a esa operación. El consultorio, la ropa, el cuerpo, los libros, los viajes, la pareja, la rutina matinal, el ejercicio, la alimentación y la manera de hablar pueden formar parte de una figura profesional antes de que se evalúe una sola afirmación técnica.
Aplicar esta lectura de Goffman a Instagram es una extensión nuestra. Lo que interesa es que la imagen puede empezar a comunicar algo distinto de «sé psicología».
Puede comunicar: «sé cómo hacerlo».
Cómo vivir con calma. Cómo poner límites. Cómo elegir relaciones. Cómo ordenar el tiempo. Cómo habitar el cuerpo. Cómo alcanzar una vida emocional que parece coherente desde afuera.
La presentación pública se vuelve así una demostración aparente de saber hacer.
Pero un saber hacer con la propia imagen no demuestra un saber hacer con el sufrimiento de otra persona.
De la imagen a la transferencia
Conviene distinguir fenómenos que suelen mezclarse. Identificarse con la imagen de un profesional no es todavía transferencia. Goffman tampoco está describiendo transferencia. Son registros distintos.
Esa imagen, sin embargo, puede contribuir a preparar el lugar desde el cual se supone un saber. En la elaboración lacaniana de la transferencia, la función del sujeto supuesto saber resulta precisamente central: que el saber sea supuesto no significa que el analista posea de hecho ese saber ni que deba presentarse como quien lo encarna completamente (Lacan, 1964/1973).
Antes de entrar en ese registro teórico conviene distinguirlo de otra pregunta, que sí ha sido investigada empíricamente.
La investigación en psicoterapia utiliza el concepto de alianza terapéutica para estudiar aspectos de la relación entre profesional y consultante. Flückiger et al. (2018) sintetizaron 295 estudios independientes que reunían más de 30.000 pacientes y encontraron una asociación positiva consistente entre alianza y resultado terapéutico. El tamaño de esa asociación fue de r = .278 para psicoterapia presencial, con heterogeneidad entre estudios (Flückiger et al., 2018). El resultado establece una relación robusta entre alianza y desenlace; no prueba por sí mismo que la alianza sea la causa de la mejoría ni valida una teoría psicoanalítica de la transferencia.
En la tradición freudiana, transferencia nombra otra cosa. Freud (1912/1958) describió la actualización, dentro de la relación analítica, de disposiciones afectivas y formas de vínculo construidas previamente. La transferencia puede sostener el trabajo y también convertirse en resistencia; por eso no equivale a simpatía, confianza ni a una «buena conexión» con el profesional.
Alianza terapéutica y transferencia no son, entonces, dos nombres para el mismo fenómeno. Pueden tocar dimensiones de una misma relación clínica, pero pertenecen a construcciones teóricas y procedimientos de investigación diferentes.
La distinción resulta útil para volver a la imagen digital.
En un espacio clínico, la suposición de saber puede ponerse a trabajar dentro de una relación que responde, cambia y eventualmente contradice aquello que se esperaba encontrar. En una cuenta de Instagram, en cambio, la figura pública permanece considerablemente más controlada: es una presentación uno-a-muchos, editada antes de ser recibida y sostenida por una distancia que forma parte del propio medio.
Nuestra lectura es que esa distancia puede favorecer que el saber supuesto se adhiera a la imagen: no solamente alguien que sabe sobre determinada dificultad, sino alguien cuya propia vida parece acreditar ese saber.
Ahí aparece la diferencia entre suponer que alguien puede saber algo sobre el sufrimiento de quien consulta y tomar su imagen pública como prueba de que sabe vivir.
Una diferencia que también obliga a la clínica
Sería cómodo terminar aquí diciendo que Instagram produce identificaciones y la psicoterapia las desarma. No siempre ocurre así.
Un título profesional no vuelve inocente a un dispositivo. Una consulta también puede precipitar etiquetas, ofrecer explicaciones demasiado rápidas, convertir una teoría en respuesta universal o hacer depender su continuidad de que el paciente acepte el vocabulario de quien lo atiende.
La misma pregunta tiene que aplicarse a nuestra propia práctica.
Cuando alguien llega diciendo «creo que esto que me pasa se llama X», una clínica que simplemente ratifica la etiqueta y la convierte en explicación completa puede repetir el mismo cierre que criticamos en redes. La diferencia ética no está garantizada por el consultorio. Tiene que producirse en lo que allí se hace.
Un nombre puede ser recibido sin volverse destino. Una demanda puede ser escuchada sin decidir de antemano qué objeto debería satisfacerla. Una conclusión puede aparecer sin impedir que más adelante tenga que ser corregida.
Eso deja una diferencia menos espectacular, pero más exigente.
El problema de cierto mercado de salud mental no es que hable del sufrimiento ni que cobre por hacerlo. Es que puede ofrecer simultáneamente la pregunta, la identidad, la urgencia y la respuesta. Cuando ocurre, no se limita a atender una demanda: intenta ocupar también el lugar desde donde esa demanda podría haberse transformado.
Y ese lugar conviene dejarlo abierto.
Referencias
Flückiger, C., Del Re, A. C., Wampold, B. E., & Horvath, A. O. (2018). The alliance in adult psychotherapy: A meta-analytic synthesis. Psychotherapy, 55(4), 316–340. doi:10.1037/pst0000172
Freud, S. (1958). The dynamics of transference. En J. Strachey (Ed. & Trad.), The standard edition of the complete psychological works of Sigmund Freud (Vol. 12, pp. 97–108). Hogarth Press. (Trabajo original publicado en 1912).
Goffman, E. (1959). The presentation of self in everyday life. Doubleday.
Karasavva, V., Miller, C., Groves, N., Montiel, A., Canu, W., & Mikami, A. (2025). A double-edged hashtag: Evaluation of #ADHD-related TikTok content and its associations with perceptions of ADHD. PLOS ONE, 20(3), e0319335. doi:10.1371/journal.pone.0319335
Lacan, J. (1966). La direction de la cure et les principes de son pouvoir. En Écrits (pp. 585–645). Éditions du Seuil. (Trabajo presentado originalmente en 1958).
Lacan, J. (1973). Le séminaire, livre XI: Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse (J.-A. Miller, Ed.). Éditions du Seuil. (Seminario dictado originalmente en 1964).
Schiros, A., Bowman, N., & Antshel, K. (2025). Misinformation mayhem: The effects of TikTok content on ADHD knowledge, stigma, and treatment-seeking intentions. European Child & Adolescent Psychiatry, 34, 3521–3533. doi:10.1007/s00787-025-02769-8